¿Qué es renovarse?

1 12 2008

construccioniglesiavieja2 Sería presuntuoso de mi parte responder con un listado de proposiciones, pero algo uno puede intuir y aprehender de la propia experiencia y la ajena.

En mis épocas de estudiante de arquitectura, siempre me llamó la atención las etapas por las que pasan las cosas materiales. Cuando algo está de moda, todo el mundo lo desea. Un pensador judío, decía que cuando algo llega a ser moda es porque alcanzó el preludio de la muerte, nada más cierto, al poco tiempo- lo que era novedoso- se volvió viejo y para los amantes de la moda se volverá desagradable y desechable. Sin embargo si las cosas logran sobrevivir al paso del tiempo, van siendo apreciadas otra vez porque han llegado a ser “antiguas”, cuando algo pasó por el desprecio de ser viejo y lo supera, puede volverá a ser valorado. Sin embargo se lo traerá a convivir con otras cosas, se lo adaptará se lo combinará con cosas nuevas.

¿Será este criterio aplicable a las Instituciones y comunidades de fe como la Iglesia Católica? Yo creo que sí. Cuando el Papa Juan XXIII convocó a los periodistas para anunciarles el comienzo del Concilio Vaticano II, no hizo grandes discursos, frente a la pregunta sobre el porqué de aquella convocatoria abrió una ventana del salón en donde se encontraban: “necesitamos renovar el aire” dijo. Quiso renovar el aire de La Iglesia y vaya si lo hizo. ¿Habremos hecho nosotros lo suficiente, o frente al resfrío que nos provocaron algunas corrientes cerramos la ventana y bajamos la cortina?

No todo lo nuevo, lo que está de moda es maravilloso, tampoco todo tiempo pasado fue mejor. El tema es como preservar lo valioso de la tradición sin traicionarla, pero sin caer en la tentación de anquilosarla. Tradición viene del verbo latino “tradere” que significa “entregar”. Cada generación le entrega a la siguiente el modo en que ha vivido la fe, le entrega lo inmutable del mensaje revelado, pero también “los modos” en que los ha vivido y como a partir de esa vivencia ese depósito se ha enriquecido.

Muchas personas le reclaman a la Iglesia que se modernice. En muchas cosas podríamos hacerlo o al menos plantear la discusión: el celibato es una ley de la Iglesia; la liturgia podría ser más participativa; las formas de anunciar el mensaje pueden adaptarse a las nuevas tecnologías y los nuevos lenguajes. Pero lo que pertenece al núcleo profundo del mensaje, las enseñanzas morales que de allí se derivan, no debe traicionarse. La Iglesia no puede por seguir las opiniones de moda, promover, el divorcio, las uniones gay, la ordenación deiglesiamoderna mujeres como lo ha hecho la Iglesia Anglicana

En el consejo mundial de aquella Iglesia, un pastor del áfrica les decía a los ingleses: “nosotros hace 100 años vivíamos la homosexualidad y la poligamia. Vinieron los misioneros y nos dijeron que eso desagradaba a Dios –como lo dice el Apóstol Pablo en la carta a los Romanos- Dijeron que si queríamos salvarnos deberíamos vivir de otro modo. ¿Ahora 100 años después vienen ustedes mismos a proponernos los matrimonios y la ordenación sacerdotal para homosexuales?”

Hay cosas que no se pueden cambiar sin traicionar las escrituras, otras por el contrario no se las debería defender como sagradas cuando fueron fruto de la costumbre y del análisis coyuntural de alguna época. Al fin y al cabo renovarse no es contradecirse.

Pbro. Guillermo Marcó

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Explora en la cultura

6 11 2008

Publicado en el diario  LA NACION el 05/11/2008

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A mediados de octubre fui invitado a participar de Wemedia, un foro sobre nuevas tecnologías. Me resultó interesante el subtítulo: Explorá en la cultura . En mi experiencia personal, diría que fue bucear en la cultura contemporánea, pero sin tanques de oxígeno; es decir, sumergirme para quedar sin aire ante el abismo de la ignorancia. La mayoría de los expositores nos advirtieron que estamos presenciando un cambio abrupto en la cultura y un salto al vacío, una aventura cuya dificultad mayor es poder entender lo que viene; en algunos casos, lo que ya está.

Si creen que deliro, como también lo hicieron algunos expositores, comenzaré haciendo memoria. Mi abuela materna nació en 1897, yo crecí escuchando sus cuentos de cuando era chica; ella vivía en la esquina de Cerrito y Juncal, la luz era de gas, se trasladaban en coche de caballos y, en el fondo de la casa, tenían caballerizas. Le tocó ver los cambios que se produjeron con la luz eléctrica, la radio, el auto y el teléfono. Recuerdo estar viendo con ella la televisión (en blanco y negro y sin control remoto) cuando el hombre llegó a la Luna. Se levantó y se fue porque no podía creerlo.

Con mis 48 años, recuerdo mi sorpresa ante el primer teléfono celular, que tenía el tamaño de una caja de zapatos; además, sólo servía para hablar por teléfono, carecía de jueguitos, Internet, música, agenda, cámara de fotos y otros amenties que tienen nuestros minúsculos aparatos de hoy.

Ahora no sólo tenemos Internet, sino la Web 2.0, que implica que los usuarios no sólo bajan información, sino que se convierten en creadores activos, debaten en diversos foros, intercambian información, fotos y conocimiento.

Los niños y los jóvenes tienen algo que enseñarnos a los adultos, ellos son “nativos digitales”, nosotros meros inmigrantes, suplicándoles que tengan la paciencia de enseñarnos cuando sentimos perplejidad frente al control remoto del televisor, que quedó inutilizable por alguna función desconocida. Ellos manejan cualquier dispositivo con la mayor facilidad.

Es decir, que me atrevo a incluirme en otra categoría sociológica novedosa: soy info-pobre. Frente a un futuro hiperconectado, no quiero quedarme afuera de estos medios novedosos y útiles, pero los de mi generación y más allá necesitamos de los más jóvenes para que nos enseñen.

El tema es no sentirnos superados mientras nos aferramos a nuestro teléfono de siempre, porque a “este lo entiendo”, (el mío me lo retiró la compañía porque no tenía chip, y pronto iba a quedar desactivado). Podrán decirme que lo mío es una frivolidad, que hay gente que no tiene celular. En el Chaco, en la colonia La Matanza, donde misiono cada año, en medio de la nada, donde escasea el agua y la comida, todos tienen celular, algunos incluso carecen de luz eléctrica y lo cargan en la escuela. Es vital para mantenerse comunicado, ellos me envían mensajes de texto, que contesto con dos dedos, mientras los chicos casi sin mirar el teléfono envían tres simultáneos.

Otro de los disertantes nos decía: “El que se enoja pierde” y nos exhortaba a ser “aprendices permanentes” y a no “banalizar lo nuevo”.

Hoy se crean softwares compartidos. Un claro ejemplo es Linux, una sociedad libre necesita software libre. Necesita la libertad para inspeccionar el software , aprender de él y modificarlo de acuerdo a sus necesidades.

Las computadoras se usan para compartir ideas, cultura e información. Sin estas libertades sobre el software , estamos en riesgo de perder el control sobre lo que compartimos. Se juntaron gratuitamente para crear una alternativa al sistema operativo de Windows, contribuyeron para eso 60.000 programadores. De haber tenido que financiar el proyecto, hubiese implicado 8.000.000 de dólares. El poder está entonces en compartir.

Se han creado también redes sociales de voluntariado y otras para conocer o encontrar personas. Estamos frente a la democratización de la información.

El otro costando, por demás apasionante también, es saber descubrir lo que no cambia. Podemos encandilarnos con la tecnología y los jóvenes pensar que lo saben todo, porque lo pueden buscar en Google; pero nada reemplazará el conocimiento como lugar de síntesis que se da en la mente humana.

Hace poco me contaban la anécdota de un venerable profesor universitario, a quien le sobra sabiduría y conocimiento, que se negaba a que sus alumnos lo evaluaran. Cuando recibía los resultados de dicha encuesta, la rompía frente a los alumnos sin mirarla, y mientras lo hacía, les decía: “Según las encuestas, ustedes no llegan a tener más que un pobre vocabulario de 800 palabras, insuficiente para comprender un texto, me entregan exámenes con pésima caligrafía, es decir apenas saben escribir, no tienen rigor para estudiar ni para expresarse en un oral y todavía pretenden evaluarme?” Es verdad, no todo lo que brilla es oro. Las tecnologías son medios; la democratización del conocimiento necesita ser sopesada y evaluada, no todos son capaces de ponerse en pie de igualdad a la hora del saber, pero si los que saben son capaces de adaptarse y usar los beneficios de estas armas poderosas, sin duda los resultados serán excelentes.

Creo que también será interesante explorar las nuevas posibilidades tecnológicas a la hora de pensar nuestra acción eclesial: si San Pablo fue al areópago de Atenas a predicar el evangelio, hoy son los chats, los blogs y las redes, son Wikipendia y Facebook los lugares donde la gente se interrelaciona, donde es importante estar, sabiendo que nada reemplazará el trato y el conocimiento personal.

Si Dios está en todas partes, no permanecerá ausente en la Web 2.0.

El autor es sacerdote.





Invertir en algo seguro

1 10 2008

Crece la incertidumbre en Wall Stret y en el resto del mundo por la crisis financiera. Este mundo virtual tenía dos pilares, el primero basado en la trayectoria de sus instituciones, Lehman Brothers, tenia más de 150 años de existencia; el segundo basado en la confianza.

El sistema bancario tuvo su origen en el medioevo, los caballeros Templarios comenzaron como un pequeño grupo militar en Jerusalén, cuyo objetivo era proteger a los peregrinos que visitaban Palestina luego de la Primera Cruzada. Como los caminos eran muy peligrosos, uno podía depositar sus piezas de oro en cualquier castillo de los Temples de Europa y allí le extendían una letra de cambio, es decir un papel que no podía ser robado y se podía cobrar en el lugar de destino. Con el correr de los años lograron concretar un sistema de envío de dinero y suministros desde Europa a Palestina. Desarrollaron un eficiente método bancario con el que se ganaron la confianza de la nobleza y los reyes. Así erigieron una enorme fortuna y quedaron rodeados de deudores en muchos casos quebrados y sin posibilidad de devolver lo que habían pedido. Pero en 1307 uno de sus deudores, era el rey Felipe IV de Francia, presentó calumnias ante el Papa que creyó la historia y se puso de su lado, detuvieron al gran maestre francés, Jacques de Molay y a sus principales lugartenientes, todos acusados de sacrílegos y de mantener relaciones con Satanás. La mayoría de los apresados fueron quemados en la hoguera bajo tortura; poco después, el Papa suprimió la orden templaria y sus propiedades fueron asignadas a sus principales rivales, los Caballeros Hospitalarios, aunque la mayor parte quedó en manos del rey francés y de su colega inglés, Eduardo II.
En este caso en lugar de liquidar la deuda, los deudores decidieron liquidar a los acreedores. Allí hubo una pugna de poder y dinero.

Jesús dice en el evangelio: “Hijos, cuán difícil es entrar en el Reino de Dios para los que confían en las riquezas. Más fácil es que pase un camello por ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de Dios” (Mc 10, 24). O aquella otra frase: “No podéis servir a Dios y a al dinero” (Mt 6, 24; Lc 16, 13). La avaricia, término que indica esta contradicción, viene del término avaritiam, y éste, a su vez, del verbo latino avere, que significa “desear algo con ansia”. “Avaricia”, pues, implica padecer un afán desordenado de poseer y adquirir riquezas y/o bienes para atesorarlos; es uno de los siete pecados capitales.

Desde que el mundo es mundo el hombre ha anhelado poseer, el deseo es el motor que lo tracciona. Este deseo es legítimo en la medida que busca una mejora en la calidad de vida. Hay que recordar que sin capital no hay trabajo. Otra cosa es la ambición desmedida basada en la especulación atrevida que ha puesto en riesgo la economía mundial, con una impresionante cuota de irresponsabilidad.

Por suerte para los que hemos decidido apostar a las inversiones en el reino de Dios las cotizaciones no han sufrido modificación, ha sido bueno su consejo: “No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen, y los ladrones perforan las paredes y los roban. Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que los consuma, ni ladrones que perforen y roben. Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón. (Mt. 6.20)





el dia del estudiante

21 09 2008

Cada 21 de septiembre junto con el día de la primavera se festeja el día del estudiante, la fecha también coincide con el aniversario de la muerte de uno de los más grandes científicos que tuvo la Argentina.. El mismo día en el año 1971, muere el notable médico, biólogo y fisiólogo Bernardo A. Houssay, Premio Nóbel de medicina (1947) y doctor honoris causa de la Facultad de Medicina de la Universidad de París. Nació en Buenos Aires el 10 de abril de 1887.

En el discurso inaugural de su cátedra en 1958, el mismo hace un recorrido por su historia:

Ingresé a esta casa en 1901, con 14 años de edad; farmacéutico en 1904, a los 17 años, terminé los estudios médicos en 1910 y la tesis en 1911. Desde 1910, a los 23 años, fui profesor de Fisiología en la Facultad de Veterinaria y desde 1919 en esta Facultad. Me adiestré primero en química y en histología normal y patológica y luego, hace 50 años, comencé a trabajar en Fisiología como ayudante, por concurso, en esta Facultad. Lo hice al principio con dedicación parcial, pues fui Jefe de la Sección de Endocrinología y Patología Experimental del Instituto Bacteriológico, de 1915 a 1918, así como en el Hospital Alvear fui médico desde 1911 y Jefe de un Servicio de Medicina desde 1913 a 1917.”Aunque me entusiasmaban la Clínica y la Fisiología, decidí concentrarme en una sola actividad y elegí la Fisiología, porque creí que así sería más útil a mi país y cumpliría mejor mi vocación personal por las investigaciones en el campo de las ciencias naturales”. Y continua diciendo: “He sido profesor durante 42 años, sin faltar prácticamente nunca a las clases o exámenes. Desde 1920 fui profesor de dedicación integral (fulltime) y exigí que el reglamento estableciera que ese puesto fuera incompatible con cualquier otro. Fui, creo, el primer full-time en nuestras universidades, pero una de mis satisfacciones más grande fue ver que aparecieron otros en esta Facultad, en otras de nuestro país y varias de Sudamérica y que hoy el principio está reconocido definitivamente como una de las bases indispensables del progreso de la docencia e investigación”.

 El Doctor Houssay fue el creador del Conicet y `por lo tanto unos de los pioneros en el avance de la investigación en forma sistemática. En la celebración del día del estudiante, creo que es bueno recordarle a los jóvenes que cada días veo transitar la Plaza que lleva su nombre y en donde está la Parroquia Universitaria de San Lucas, que este estudiante del pasado, que llegó a ser un excelente profesional y premio Nobel, no es solo un nombre olvidado o un busto de bronce pintarrajeado con irreverente falta de respeto. Fue un ser de carne y hueso que soñó con una Argentina grande y se desvivió por construirla, con esfuerzo, sacrificio y abnegación.

Podría pensarse que vivió en otra época más fácil o que  económicamente tuvo el camino allanado, pero no fue así, según el mismo lo relata:

“Desde los 13 años de edad, con autorización de mi padre, decidí bastarme a mi mismo, lo que me costó bastantes esfuerzos. Pude proseguir los estudios gracias a las exenciones de derechos universitarios y a los puestos que gané por concurso de notas o selección, a los que se me llamó a desempeñar. Nunca usé de influencias ni las admití en cuestiones de nombramiento o de exámenes y jurados”.

Hoy que el problema de la falta de financiamiento educativo está en el tapete, él nos recuerda que antes no era distinto: “Por un raro fenómeno, explicable por mi firme voluntad de tener dedicación exclusiva, durante muchos años casi todos mis ascensos significaron una disminución de mis entradas pecuniarias. Además, al principio, durante varios años tuve que costear con mis exiguos recursos gran parte de los gastos de investigación”.

Sin duda que sin esfuerzo personal no hay posibilidad de aprender, pero como le he escuchado a Santiago Kovaldoff, la argentina no renueva su agenda de problemas. Aquí se debería estar discutiendo el futuro de la educación, los presupuestos para investigación y dedicación exclusiva, para evitar que los profesores se conviertan en  seres mendicantes y agotados de peregrinar por tanta cátedra para sobrevivir con un salario de miseria, mientras otros trabajadores  menos calificados consiguen permanentes mejoras salariales.

Por otra parte los estudiantes de las Universidades deberían redoblar sus esfuerzos académicos para volver a hacer de este país un lugar donde prosperar y desarrollarse.

Tendremos futuro si somos capaces de invertir en conocimiento, los presupuestos para educación no son un gasto, son inversión.

 Como lo viene haciendo la India, que es el país con mayor cantidad de becarios en el extranjero, que regresan para contribuir en la superación de sus males endémicos. Solo así con un destino ordenado y con esfuerzo inteligente será posible solucionar nuestros problemas y dejar atrás la vergonzante pobreza de tantos argentinos.

 

           Presbítero Guillermo Marcó

Director del servicio de Pastoral Universitaria

         Arzobispado de Buenos Aires

 

 

 





Tanto odio cansa

16 07 2008

La fe es mi fuerza

Esto decía ya libre  luego de siete años de cautiverio en la selva:

“Vamos a ver si me sale la voz, porque estoy muy, muy emocionada. Acompáñenme, primero, a darle gracias a Dios, a la Virgen. Mucho le recé. Mucho me imaginé este momento con mi mamita (Se dirige a ella: No llores más, no más llanto). Gracias a Dios, primero; segundo, a todos ustedes que me acompañaron en sus oraciones, que pensaron en mí, que me tuvieron en su corazón, así fuera por un momentito; que, de pronto, sintieron compasión por nosotros los secuestrados…
Esta mañana, cuando me levanté, recé el Rosario, a las 4 de la mañana; me encomendé a Dios… Estuvimos esperando todo el día, no sabíamos qué… Oímos los helicópteros. Yo miré para arriba al cielo y pensé: ¡Qué curioso es sentir felicidad oyendo un helicóptero cuando, durante 7 años, cada vez que lo oigo me da miedo!… Nos dijeron que teníamos que subir esposados. Eso fue muy humillante. Rogaba a Dios que me diera fuerzas para aceptar las humillaciones que se iban a venir… Cerraron las puertas, y de pronto vi al comandante que durante cuatro años estuvo al mando de nosotros, que tantas veces fue tan cruel y tan déspota; lo vi en el suelo, en pelotas, con los ojos vendados… No crean que sentí felicidad, sentí mucha lástima. Pero le di gracias a Dios de estar con personas que respetan la vida de los demás, aun cuando son enemigos. El jefe de la operación dijo: «Somos del Ejército nacional. Están en libertad». El helicóptero casi se cae, porque saltamos, gritamos, lloramos, nos abrazamos… No lo podíamos creer. Dios nos hizo este milagro. Esto es un milagro. Esto es un milagro que quiero compartir con ustedes, porque sé que todos ustedes sufrieron con mi familia, con mis hijos, sufrieron conmigo…
Simplemente, uno tiene dos opciones: odiar, o entregarse a Dios y buscar en una espiritualidad mayor la paz del corazón. No los odio… Que Dios bendiga a mis captores. Espero que esta experiencia les permita cambiar su corazón

Me emocioné escuchando estas palabras que brotaban serenas y seguras de una mujer admirable. Impresiona como, cuando todo desaparece, queda la Fe en Dios, ese Dios que acompaña al hombre desde su interior, si uno se lo permite, él cambia el odio en amor, la venganza en indulgencia. Cuantos por mucho menos profieren palabras de odio, de rencor que envenena. Que bien nos hace en este momento de la Argentina donde se acentúan las divisiones y los enfrentamientos, volver a escuchar estas palabras de la boca de alguien que tiene motivos más que suficientes para odiar. El odio carcome el corazón y nubla las ideas es como las aguas estancadas de un charco, que poco a poco se pudren  e  infectan.

Personalmente, estoy un poco cansado de tanto grito, tanto agravio de uno y otro lado, creo que nos merecemos un perdón entre todos, para poder construir  el futuro. Eso: “el futuro”, necesitamos una dirigencia que imagine, sueñe y piense donde queremos estar, que deje de juntar a los mismos para repetir los discursos de siempre, que nos convoque porque tiene alguna idea que aportar, un plan que discutir, un proyecto para soñar. Como lo hicieron los próceres de nuestra Patria o la generación del 80. Lo necesitamos nosotros, pero también se lo debemos a las generaciones del futuro.

 

                                                                            Pbro. Guillermo Marcó