Felices los que trabajan por la paz

14 05 2014

La 107 Asamblea Plenaria del Episcopado acaba de señalarnos un camino a transitar. Nuestros Obispos nos señalan cuales son los síntomas a los que nos hemos acostumbrado:   

Son numerosas las formas de violencia que la sociedad padece a diario. Muchos viven con miedo al entrar o salir de casa, o temen dejarla sola, o están intranquilos esperando el regreso de los hijos de estudiar o trabajar. Los hechos delictivos no solamente han aumentado en cantidad sino también en agresividad. Una violencia cada vez más feroz y despiadada provoca lesiones graves y llega en muchos casos al homicidio. Es evidente la incidencia de la droga en algunas conductas violentas y en el descontrol de los que delinquen, en quienes se percibe escasa y casi nula valoración de la vida propia y ajena”.

Hasta hace poco tiempo,  esto era solo un tema que se vivía en las ciudades, el interior del país y sobre todo el campo,  estaban exentos de estos problemas. Hoy esto se ha generalizado y lo constatan los obispos venidos de todo el País.

Nuestro pueblo en general es paciente, pero esta paciencia está empezando a agotarse:“La reiteración de estas situaciones alimenta en la población el enojo y la indignación, que de ninguna manera justifican respuestas de venganza o de la mal llamada “justicia por mano propia”.

Señalan también el rol que juegan los medios en este drama: “que no siempre informan con objetividad y respeto a la privacidad y al dolor. Con frecuencia se promueve una dialéctica que alienta las divisiones y la agresividad”. También señalan que esto sucede porque hemos endurecido el corazón El Papa Francisco señala que “se ha desarrollado una globalización de la indiferencia…” (Evangelii Gaudium 54).

No hay que culpabilizar a los pobres que también padecen y a veces en mayor medida la inseguridad. La corrupción es otro de los temas señalados en el documento- sobre todo- el desvío de fondos públicos que causan la ineficiencia del sistema. Es interesante que los Obispos nos señalen el camino,  que tiene que ver con el apego a la ley, los argentinos sabemos de derechos pero somos flojos de deberes. “La obediencia a la ley es algo virtuoso y deseable, que ennoblece y dignifica a la persona. Esto vale también para los reclamos por nuestros derechos, que deben ser firmes pero pacíficos, sin amenazas ni restricciones injustas a los derechos de los demás”.

Muchas veces nos descorazonamos por ser testigos de la falta de justicia:

 “Frente al delito, deseamos ver jueces y fiscales que actúen con diligencia, que tengan los medios para cumplir su función, y que gocen de la independencia, la estabilidad y la tranquilidad necesarias. La lentitud de la Justicia deteriora la confianza de los ciudadanos en su eficacia”.

Sin embargo a pesar de este duro diagnóstico los Obispos nos exhortan a poner nuestra esperanza en Jesús,” Jesús nos enseñó que “Dios hace salir el sol sobre buenos y malos y hace llover sobre justos e injustos” (Mt 5, 45). No hay persona que esté fuera de su corazón. No hay una vida que valga más y otras menos: la del niño y el adulto, varón o mujer, trabajador o empresario, rico o pobre. Toda vida debe ser cuidada y ayudada en su desarrollo desde la concepción hasta la muerte natural, en todas sus etapas y dimensiones”. 

Pbro. Guillermo Marcó

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