El flagelo de la droga

13 11 2013

¿Quién no ha sentido de cerca el flagelo de la droga? En nuestra sociedad no es un problema lejano, cada vez con más frecuencia, sobre todo los que recibimos confidencias de personas nos encontramos con las terribles consecuencias que deja el consumo en las personas. Así lo definía el reciente Documento del Episcopado: “Nos conmueve acompañar a las madres y los padres que ya no saben qué hacer con sus hijos adictos, a quienes ven cada vez más cerca de la muerte.  Nos quedamos sin palabras ante el dolor de quienes lloran la pérdida de un hijo por sobredosis o hechos de violencia vinculados al narcotráfico”. Los Medios dieron amplia cobertura al tema desde el punto de vista de la responsabilidad política en el siguiente párrafo: “Lo que escuchamos decir con frecuencia es que a esta situación de desborde se ha llegado con la complicidad y la corrupción de algunos dirigentes. La sociedad a menudo sospecha que miembros de fuerzas de seguridad, funcionarios de la justicia y políticos colaboran con los grupos mafiosos”.

Sin embargo, quisiera detenerme en otro tema que hace al trasfondo de la cuestión y que también fue analizado en el documento. Lo hago desde la experiencia pastoral y es, supongo, la pregunta que se harán numerosos padres: ¿Por qué mi hijo se droga? Drogarse, generarse una dependencia de una substancia externa que afecta el estado de ánimo tiene que ver con evadirse de la realidad y no querer afrontar problemas. La cuestión de fondo es como formamos a los chicos frente al desafío de la vida, lo que se ha venido perdiendo es la resistencia a la frustración y la fuerza espiritual para afrontar el desafío de la propia existencia. Se quiere “todo ya” y si no se tiene, más vale me evado o me deprimo. Así aparece el alcohol en la primera adolescencia ante los problemas de socialización y de enfrentar al sexo opuesto: “tomo para estar desinhibido” te dicen los chicos y las chicas. “Fumo un porro porque me hace sentir bien”. Todo esto trascurre en el horario en que los adultos dormimos. Ellos salen a las dos y vuelven a las 8 o 9 hrs de la mañana. Todo frente a la negación de los padres. Lo más curioso para mí es haber conocido chicos que  fuman porro y se alcoholizan cada fin de semana y escuchar a sus padres decir “que suerte que mi hijo es distinto”. Hoy ya no pasa por un tema de marginalidad, la droga está despenalizada, hay fiestas electrónicas auspiciadas por marcas de bebidas, donde la droga es el pan de cada día. “Podes convivir con un adicto y no darte cuenta” me decía alguien que se drogo muchos años sin que nadie de su entorno lo sospechara”, por eso me parece importantísimo poder mantener un diálogo franco sin escandalizarse y tratando de proporcionar la oreja que es la mejor ayuda. Una persona puede salir de la droga “si quiere”, ese querer es lo que hay que trabajar, si realmente lo desea, se le puede brindar ayuda, si no quiere no se la puede internar por la fuerza. El Narcotráfico funciona porque hay consumidores, la despenalización ha ayudado a que se consuma más y más fácilmente. “Podes levantarte, podes remontar; te costará, pero podes conseguirlo si de verdad lo querés. Vos sos el protagonista de la subida, esta es la condición indispensable. Encontrarás la mano tendida de quien te quiere ayudar, pero nadie puede subir por Vos”. Dice el Documento citando al Papa Francisco.

Pbro. Guillermo Marcó

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