La Sede está Vacante

7 03 2013

Estamos transitando un momento fascinante y tremendo de la vida de la Iglesia, la Sede está vacante, pero el Papa no ha muerto, se sigue llamando Benedicto XVI –aunque sea emérito- y convivirá en el Vaticano con el Papa nombrado.

Con un poco de perspectiva sobre el tema quisiera reflexionar con ustedes sobre las aristas de esta renuncia. En primer lugar “sorprendió”, no estamos acostumbrados a que un Papa renuncie y generó dos tipos de opiniones:

En general fue bien valorada por la gente y fue un gesto muy fuerte para los poderosos del mundo. Aunque exista la democracia nos vamos acostumbrando a que los líderes se quieran perpetuar en el poder. Como diría Maquiavelo: “propio del poder es querer retenerlo para siempre”. En este contexto alguien que indiscutidamente goza de un poder vitalicio decida irse a su casa, resulta un gesto grandioso y humilde.

Por otro lado está el valor simbólico del Papado, el Papa asume el cargo y lo lleva hasta entregar su vida en él. Los peregrinos vemos en su figura al “Vicario de Cristo”, es por eso que han surgido críticas y cuestionamientos. Un cardenal de relieve, el australiano George Pell, arzobispo de Sídney, criticó a Benedicto XVI en una entrevista televisiva por su decisión, porque crearía un precedente y dejaría a la Iglesia en un estado de incertidumbre.

«Podría haber personas que, al estar en desacuerdo con un futuro Papa, podrían montar una campaña en su contra para inducirlo a la renuncia» El arzobispo de Dijón, Roland Minnerath,  indicó que, después de haber sabido la noticia de la renuncia de Ratzinger, no podía creer lo que estaba pasando: «¿Qué es lo importante en el ministerio de un sacerdote, de un obispo, de un Papa? ¿Sus dotes intelectuales o el don que hace de sí mismo a Cristo? ¿No es este, acaso, el fruto más importante de todos?».

Como había hecho en un principio el ex secretario de Wojtyla, el cardenal Stanislaw Dziwisz,que dijo :que “no debía bajarse de la cruz”, también Minnerath comparó la decisión de Benedicto XVI con la conducta de Juan Pablo II: «Estaba cada vez más impedido en los últimos años, pero permaneció en su lugar. Y dió un ejemplo de fidelidad al llamado recibido». El arzobispo de Dijón también observó que introducir «un criterio de eficiencia» es comprensible y «válido en el gobierno de las cuestiones temporales de un jefe de Estado. Pero el ejercicio del presbiterado y del episcopado es una cosa diferente».

Después de dejar planteado el problema voy a dar humildemente mi opinión: Como lo señaló Benedicto XVI, la Iglesia es de Cristo, se hace visible en el Pueblo de Dios y en la jerarquía. Los hombres pasamos, podemos seguir dando testimonio de la fidelidad a Cristo desde otro lugar, si con humildad vemos que hemos dejado de ser aptos para llevar las responsabilidades que asumimos. Si la Iglesia fijo para los Obispos y presbíteros los 75 años para dejar sus puestos, está bien que el Papa-que es Obispo de Roma- tenga edad de retiro-no porque sea un funcionario- sino porque hacen falta fuerzas y lucidez para no dejar que “otros” que no son el Papa se hagan con las riendas de la Iglesia de Cristo. Si el Papa se debilita o se enferma, gobierna la Curia Romana- actualmente muy cuestionada- creo que esto es lo que vio claramente Su Santidad Benedicto XVI y optó por dejar la Sede a otro.

Pbro. Guillermo Marcó

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