Dr. Houssay creador del Conicet

18 02 2013

Cada 21 de septiembre junto con el día de la primavera se festeja el día del estudiante, la fecha también coincide con el aniversario de la muerte de uno de los más grandes científicos que tuvo la Argentina.. El mismo día en el año 1971, muere el notable médico, biólogo y fisiólogo Bernardo A. Houssay, Premio Nóbel de medicina (1947) y doctor honoris causa de la Facultad de Medicina de la Universidad de París. Nació en Buenos Aires el 10 de abril de 1887.

En el discurso inaugural de su cátedra en 1958, el mismo hace un recorrido por su historia:

“Ingresé a esta casa en 1901, con 14 años de edad; farmacéutico en 1904, a los 17 años, terminé los estudios médicos en 1910 y la tesis en 1911. Desde 1910, a los 23 años, fui profesor de Fisiología en la Facultad de Veterinaria y desde 1919 en esta Facultad. Me adiestré primero en química y en histología normal y patológica y luego, hace 50 años, comencé a trabajar en Fisiología como ayudante, por concurso, en esta Facultad. Lo hice al principio con dedicación parcial, pues fui Jefe de la Sección de Endocrinología y Patología Experimental del Instituto Bacteriológico, de 1915 a 1918, así como en el Hospital Alvear fui médico desde 1911 y Jefe de un Servicio de Medicina desde 1913 a 1917.”Aunque me entusiasmaban la Clínica y la Fisiología, decidí concentrarme en una sola actividad y elegí la Fisiología, porque creí que así sería más útil a mi país y cumpliría mejor mi vocación personal por las investigaciones en el campo de las ciencias naturales”. Y continua diciendo: “He sido profesor durante 42 años, sin faltar prácticamente nunca a las clases o exámenes. Desde 1920 fui profesor de dedicación integral (fulltime) y exigí que el reglamento estableciera que ese puesto fuera incompatible con cualquier otro. Fui, creo, el primer full-time en nuestras universidades, pero una de mis satisfacciones más grande fue ver que aparecieron otros en esta Facultad, en otras de nuestro país y varias de Sudamérica y que hoy el principio está reconocido definitivamente como una de las bases indispensables del progreso de la docencia e investigación”.

El Doctor Houssay fue el creador del Conicet y `por lo tanto unos de los pioneros en el avance de la investigación en forma sistemática. En la celebración del día del estudiante, creo que es bueno recordarle a los jóvenes que cada días veo transitar la Plaza que lleva su nombre y en donde está la Parroquia Universitaria de San Lucas, que este estudiante del pasado, que llegó a ser un excelente profesional y premio Nobel, no es solo un nombre olvidado o un busto de bronce pintarrajeado con irreverente falta de respeto. Fue un ser de carne y hueso que soñó con una Argentina grande y se desvivió por construirla, con esfuerzo, sacrificio y abnegación.

Podría pensarse que vivió en otra época más fácil o que  económicamente tuvo el camino allanado, pero no fue así, según el mismo lo relata:

“Desde los 13 años de edad, con autorización de mi padre, decidí bastarme a mi mismo, lo que me costó bastantes esfuerzos. Pude proseguir los estudios gracias a las exenciones de derechos universitarios y a los puestos que gané por concurso de notas o selección, a los que se me llamó a desempeñar. Nunca usé de influencias ni las admití en cuestiones de nombramiento o de exámenes y jurados”.

Hoy que el problema de la falta de financiamiento educativo está en el tapete, él nos recuerda que antes no era distinto: “Por un raro fenómeno, explicable por mi firme voluntad de tener dedicación exclusiva, durante muchos años casi todos mis ascensos significaron una disminución de mis entradas pecuniarias. Además, al principio, durante varios años tuve que costear con mis exiguos recursos gran parte de los gastos de investigación”.

Sin duda que sin esfuerzo personal no hay posibilidad de aprender, pero como le he escuchado a Santiago Kovaldoff, la argentina no renueva su agenda de problemas. Aquí se debería estar discutiendo el futuro de la educación, los presupuestos para investigación y dedicación exclusiva, para evitar que los profesores se conviertan en  seres mendicantes y agotados de peregrinar por tanta cátedra para sobrevivir con un salario de miseria, mientras otros trabajadores  menos calificados consiguen permanentes mejoras salariales.

Por otra parte los estudiantes de las Universidades deberían redoblar sus esfuerzos académicos para volver a hacer de este país un lugar donde prosperar y desarrollarse.

Tendremos futuro si somos capaces de invertir en conocimiento, los presupuestos para educación no son un gasto, son inversión.

Como lo viene haciendo la India, que es el país con mayor cantidad de becarios en el extranjero, que regresan para contribuir en la superación de sus males endémicos. Solo así con un destino ordenado y con esfuerzo inteligente será posible solucionar nuestros problemas y dejar atrás la vergonzante pobreza de tantos argentinos.

Presbítero Guillermo Marcó

Director del servicio de Pastoral Universitaria

Arzobispado de Buenos Aires

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