Buenos Aires medita

18 02 2013

A propósito de la visita a Buenos Aires de Rabi Shankar, surge la pregunta: ¿Es bueno este tipo de prácticas? ¿Son compatibles con la Fe cristiana?

Me permito opinar sobre el particular, para después intentar aclarar lo segundo.

Las actividades que cualquier persona desarrolla, sumado al estrés que la vida produce, generan con frecuencia en el hombre moderno una sensación de vacío. El hombre  pretende llenar este agujero interior echándole más cosas materiales. Con frecuencia atribuye su infelicidad a que “no tiene” determinados objetos, cosas o personas. Por lo tanto enfoca su energía en obtener “aquello” que ve como “necesario”. El problema es que una vez obtenido causa una felicidad momentánea para luego dejar lugar al aburrimiento y al acostumbramiento.

Quien percibe este círculo vicioso a menudo cae en excesos, ya sea en el alcohol, la droga o el sexo, necesitando cada vez  más estímulos para saciar la sed de ese agujero insaciable, que es el alma humana.

He aquí el meollo de la cuestión, el hombre ha sido creado para volar y en lugar de eso se arrastra mirando al suelo pretendiendo llenar su “vacío existencial y espiritual” con cosas materiales que no sacian sino que dejan más hambriento.

Es por eso que mucha gente busca caminos alternativos para parar la pelota, entrar en el propio ser y relajarse, sentir que a través de prácticas de respiración puede encontrarse consigo mismo y sentirse mejor y llenar así su vacío espiritual. Desde este punto de vista, esto es bueno.

Para responder a la segunda cuestión sobre la relación de estos métodos con la oración cristiana, vamos a recurrir al Magisterio de la Iglesia. La Congregación para la Doctrina de La Fe publicó un documento:SOBRE ALGUNOS ASPECTOS DE LA MEDITACIÓN CRISTIANA”(15 de octubre de 1989) Allí se plantea lo siguiente:

“¿no se podría enriquecer nuestro patrimonio espiritual, a través de una nueva educación en la oración, incorporando también elementos que hasta ahora eran extraños? La oración cristiana está siempre determinada por la estructura de la fe cristiana, en la que resplandece la verdad de Dios y de la criatura.  Se configura, como un diálogo personal, íntimo y profundo, entre el hombre y Dios.  En esta comunión, que se funda en el bautismo y en la eucaristía, fuente y culmen de la vida de Iglesia, se encuentra contenida una actitud de conversión, un éxodo del yo del hombre hacia el Tú de Dios. La oración cristiana es siempre auténticamente personal,  individual y al mismo tiempo comunitaria; rehúye técnicas impersonales o centradas en el yo, capaces de producir automatismos en los cuales, quien la realiza, queda prisionero de un espiritualismo intimista, incapaz de una apertura libre al Dios trascendente. En la Iglesia, la búsqueda legítima de nuevos métodos de meditación deberá siempre tener presente que el encuentro de dos libertades, la infinita de Dios con la finita del hombre, es esencial para una oración auténticamente cristiana”.

A modo de conclusión: un cristiano puede usar métodos de meditación, pero solo para buscar en esa paz, el encuentro con Dios, que a su vez  lo invita a salir y a comprometerse para mejorarse y mejorar el mundo que lo rodea.

Pbro. Guillermo Marcó

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