Revalorizar nuestras Parroquias

8 08 2012

En la Iglesia católica existe el Clero Regular y el Secular. Al regular, pertenecen las órdenes Religiosas, que tienen una regla de vida –generalmente hecha por el fundador- viven en comunidad y buscan la santificación personal a través de los “Votos” o “consejos evangélicos” de Pobreza, castidad y obediencia. El Clero secular, es el  que fundó el mismo Jesús, al convocar a sus Apóstoles (los primeros Obispos)  San Pablo, al fundar comunidades  instituía en ellas Presbíteros, que las presidían. La Palabra Presbítero significa: “anciano” u hombre sabio. Con el tiempo cuando la vida cristiana se fue extendiendo las comunidades se estructuraron en Parroquias, que abarcan un territorio o barrio en concreto y tienen un Presbítero a cargo que se llama Párroco, y las Parroquias a su vez pertenecen a una Diócesis que está presidida por un Obispo.

El pasado 4 de Agosto se celebró la festividad del cura de Ars, el Patrono de todos los Párrocos. Nuestro patrono San Juan María Vianney  fue párroco de una pequeña aldea llamada Ars en el sur de Francia.

No estaba dotado de gran inteligencia, pero le sobraba amor a Dios y a las personas de su grey. Llegó a su parroquia en 1818 y murió allí en 1859. Cuando estaba llegando le preguntó a un campesino si la dirección del camino era correcta, él le señaló el camino con el dedo y el cura señalando hacia arriba, le dijo: “Yo te mostraré el camino al cielo”. El Pueblo tenía apenas cuarenta casas y cerca de 200 personas. En la pos revolución Francesa reinaba la ignorancia religiosa. Se dedicó a conocer y convertir a sus feligreses, rezar por ellos y someterse a severas penitencias para conseguirlo. Con el tiempo pasaría la mayor parte de su día en el confesionario y la gente acudiría de toda Francia a confesarse con él. Se puede decir que el confesionario era su morada habitual, pasaba allí de 11 a 12 horas. Las peregrinaciones para confesarse empezaron en 1827 el culmen de los peregrinajes se alcanzó en 1845, llegaban de 300 a 400 visitantes todos los días. En el último año de la vida del Santo Cura el número de peregrinos alcanzó el asombroso número de 100 a 120 mil personas Murió allí en el año 1859.

Valga este recuerdo para revalorizar  la labor que hacen los curas en las Parroquias de los lugares más remotos del planeta y el de acá a la vuelta. Es verdad que las Parroquias urbanas son diferentes de las rurales, pero todas tienen una característica común, hacer presente el misterio de Dios en medio de un Pueblo. Son las casas de Dios de puertas abiertas, ya que muchas veces para entrar a un movimiento hace falta alguna suerte de iniciación, en cambio la Parroquia acoge a todos: pobres y ricos, santos y pecadores. En las iglesias parroquiales cualquiera se confiesa, basta que esté la luz del confesionario prendida y el cura ahí, para que la gente se acerque. Allí recibimos el bautismo, la primera comunión, la confirmación, la unción de los enfermos y se pueden hasta hacer la misa del funeral. Vaya esto como agradecimiento al cura que nos  bautizó, al que nos  dio la comunión, a los párrocos que nos acompañaron siendo seminaristas,  a los que nos  enseñaron a ser sacerdotes  de parroquia, una vocación particular en la que buscamos la santidad, santificando al Pueblo de Dios en la entrega generosa a los demás.                                                                                                                   

 Pbro. Guillermo Marcó

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