¿Escándalos en el Vaticano?

15 03 2012

Diversos medios italianos y los corresponsales en Roma se quedaron con poca letra luego de la desaparición de la escena de Silvio Berlusconi, con sus variados escándalos sexuales. Ahora volvieron su vista hacia el Vaticano a raíz de la presunta filtración de algún documento secreto que valdría la pena analizar. Según el periódico que lo publicó, “Il fato quotidiano”, este documento –redactado en alemán al parecer para que sea accesible únicamente al Papa y a unos pocos colaboradores- retoma una declaración alarmante que habría hecho el arzobispo de Palermo, Paolo Romeo, en ocasión de un viaje a China en noviembre pasado. Monseñor Romeo habría dicho a sus interlocutores que escuchó hablar de un complot para asesinar al Papa en los “próximos doce meses”. El dode cumento no precisa los que participarían, ni el lugar o el momento en que el Papa podrí a ser asesinado. “Es evidente que este documento contiene declaraciones dementes que no tienen relación con ninguna realidad”, comentó el portavoz de la Santa Sede, el padre Federico Lombardi. El único escándalo aquí es que alguien sin demasiados escrúpulos entregue un documento privado a la prensa, ya que dudo que alguien que esté tramando seriamente la muerte del Papa se lo deslice a un obispo para que éste se lo cuente a un grupo de gente y un tercero le vaya al Papa con un chisme. Otras versiones que circularon refieren al presunto alejamiento del secretario de Estado, cardenal Bertone. Eso sólo puede estar en la mente del Papa y dudo que se lo comente a la prensa. En cuanto a la relevancia de las otras presuntas internas por la sucesión del Papa que supuestamente se desataron tras el nombramiento de nuevos cardenales, puedo decir algunas cosas por haber estado presente en Roma durante el anterior consistorio de cardenales y posterior cónclave que eligió pontífice a Benedicto XVI. En primer lugar, nadie puede, sin faltar a la verdad, molestarse porque se hable de posibles candidatos y de conversaciones entre cardenales; si ellos no lo hicieran estarían faltando a su deber, ya que son nombrados sobre todo para eso: elegir al Papa. Entre los ríos de tinta que corrieron en el anterior cónclave los periodistas deberían recordar que crearon, sin fundamento, candidatos de todos los continentes y que los desilusionó que no apareciera en el balcón de la basílica de San Pedro un africano o un latinoamericano. Por lo tanto, sería bueno que la gente sepa que lo que se escribe sobre estos temas tiene más de ciencia ficción que de realidad. Siempre habrá alguien que quiera ser Papa. Como dice un amigo sacerdote: “si las mitras (lo que llevan los obispos en la cabeza) cayeran del cielo, no tocarían el suelo”. También, como lo ilustra -aunque en forma caricaturesca la película “Habemus Papam”-, siempre habrá alguien que no quiera el peso de la Iglesia sobre sus hombros, ya que el cargo entraña una gran responsabilidad ante Dios y ante los hombres. En el anterior cónclave la prensa dijo que el cardenal Bergoglio había quedado segundo en la elección, detrás Joseph Ratzinger, dato que aún hoy repite. Esa versión la echó a correr el vaticanista Andrea Tornielli. Bergoglio jamás me hizo un comentario sobre el tema ya que existe un juramento dode confidencialidad entre los cardenales que, de ser roto, le acarrearía una severa culpa ante Dios. En definitiva, de eso se trata, de temas de fe y de conciencia, donde se revela la naturaleza humana con sus grandezas y miserias. Sólo para recordarlo: de los doce apóstoles elegidos por el mismísimo Jesús, once lo traicionaron, y uno tramó su muerte, lo vendió por treinta monedas y después se suicidó. La prensa se hubiese hecho una fiesta poniendo en primera plana la foto compartida de la crucifixión y la de Judas ahorcado. Hubiese estado acompañada por una entrevista a Poncio Pilatos y otra a Herodes. Seguramente se les habría escapado el dato de que, entre tanto desarreglo, Dios estaba usando nuestra miseria para salvarnos. A los tres días hubiera aparecido la noticia sobre la presunta resurrección, chiquita, perdida entre otras. Sin duda que existen los escándalos, y también las obras buenas. La santidad y el pecado están dentro de nosotros (por ende, se reflejan en la comunidad donde vivimos). La Iglesia atravesó 20 siglos entre ellos y aún necesitamos purificación. Pero se la distorsiona y sólo se la mira como una corporación internacional, y al Papa, como su gerente general. Es necesario que en este tiempo de Cuaresma los católicos le pidamos a Dios la gracia de una mayor conversión y que aumentemos nuestra oración por quiénes nos guían, para que sean modelo del rebaño.

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