Al encuentro de la gente

10 11 2010

 

Durante los primeros siglos del cristianismo había pequeñas comunidades que contrastaban con la sociedad de su tiempo, casi como si hubiesen encontrado su definición en aquellas palabras de San Pablo a los Filipenses: “Deben ser puros e  irreprensibles, hijos de Dios sin mancha, en medio de esta generación corrompida y extraviada, entre la cual deben brillar como lumbreras en medio del mundo”. Después  del año 313, cuando sobrevino la paz constantiniana, el cristianismo se volvió la religión oficial del imperio. En la Edad Media, todo el ambiente cultural era cristiano. Y los pecados  llegaron a ser delitos contra el Estado. A partir del renacimiento y continuando con el iluminismo, la fe y la razón entraron en combate. Cada una  acusaba a la otra e intentaron generar mundos independientes. Así nace la educación  católica por oposición a la educación laica y pública.

Perdón por lo simplista y apretada de esta síntesis, pero intento reflexionar sobre lo  que me toca: evangelizar dentro del ámbito de lo público, no de “nuestro” terreno.

Entonces allí surgen las preguntas por el modelo evangelizador a seguir en una  sociedad relativista: ¿Ser una pequeña comunidad de oposición al laicismo reinante? ¿Trabajar en la restauración de la cristiandad?

Desde la Pastoral Universitaria

porteña hemos intentado transitar un camino distinto. Frente a tantas dudas de fe que  les plantea la vida académica a los estudiantes, tratamos de ser una comunidad que pueda ofrecer respuestas para vivir la creencia en el mundo de hoy. Un joven  debe formarse para poder dar a otros respuesta con fundamento sobre sus creencias.

Claro que las inquietudes se contestan sobre todo a partir de una experiencia  fundante: el encuentro  con el Señor. Por eso, anunciamos a Jesús mediante los  retiros. Reunir (Retiro Universitario Reevangelizador) es una experiencia donde jóvenes comunican a otros jóvenes su experiencia de Dios.

Pero no queremos ser una comunidad cerrada, sino preocupada por el “afuera”. Si  bien encontramos a Dios en nuestros retiros y celebraciones, queremos salir a anunciar a otros lo que nos hace felices. En esa línea, el fin de semana pasado, desde  el mediodía del viernes hasta el sábado por la tarde, junto con la Vicaría de la  Juventud de la arquidiócesis de Buenos Aires, organizamos -carpa y escenario al aire libre mediante una misión en la plaza Houssay, ubicada entre los edificios de las facultades de Medicina y Ciencias Económicas, centro neurálgico por el que pasan a  diario mas de 150.000 estudiantes.

En mesas colocadas en las esquinas, nuestros jóvenes anotaron intenciones y  repartieron estampas de San José de Cupertino (patrono de los estudiantes). Un  centenar de ellos hizo una adoración eucarística en medio de la plaza. Fue emocionante ver, entre cantos y velas encendidas, como todo el lugar se convirtió en  un santuario. Ver que los edificios de las facultades, cuyos contornos recortaban elcrepúsculo, hacían las veces de las paredes de un gran templo urbano. El viernes lo  cerramos con un recital de música y el reparto de comida a los sin techo del barrio. La misión terminó el sábado con una misa que presidió el obispo auxiliar Vicente  Bokalic.

Ante estas experiencias. que nos  ponen a la intemperie, tengo la convicción de que el  desafío más grande que tenemos es generar comunidades fraternas en una sociedad hostil, pero abiertas al diálogo con el mundo del siglo XXI, para dejarnos interpelar y  poder responder desde nuestras convicciones. Todo un desafío.

Pbro. Guillermo Marcó

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La Argentina que no es noticia

10 11 2010

Las grandes manifestaciones religiosas de las últimas semanas, como la peregrinación a Luján, carecieron de una cobertura periodística acorde con su caudal de participantes. ¿Sólo lo malo es noticia? ¿O no se valora la fe?

 

 

En general, los números cuentan en el ambiente periodístico para mensurar una noticia. Por caso, en el plano de la información política, el éxito o el fracaso  de una concentración se mide en números. Pero, a veces, la cantidad de participantes no es tan importante y, sin embargo, tiene gran repercusión mediática. Por ejemplo, cien mujeres se juntaron hace poco en una marcha a  favor del aborto y terminaron apareciendo en la primera plana de los diarios.  Los jóvenes que en las últimas semanas tomaron colegios en la Capital Federal sumaron, a lo sumo, 200. No obstante, estuvieron en todos los  programas políticos de televisión y acapararon la atención de las radios y los  diarios. Como contrapartida, 300.000 estudiantes de la escuela media no  participaron de las tomas, ni las compartieron.

 

Veamos en al plano religioso. El 15 de septiembre estuve en Salta asistiendo a  la fiesta del Señor y la Virgen del Milagro. ¿Sabe cuánta gente participó de la  procesión?: 800.000 personas. Por lo que sé, en los medios nacionales no salió prácticamente nada.

 

El primero de octubre 1.500.000 jóvenes peregrinaron a Luján. Llegaron muertos de cansancio después de caminar 70 km, pero contentos.

 

Fueron cantando y rezando en paz, sin pelearse. Pero por su buen  comportamiento no fueron noticia. Si se hubiesen matado a golpes o hubieran  destrozado una imagen de la Virgen, habrían sido noticia. Es que los jóvenes  suelen serlo sólo cuando son víctimas de una tragedia o hacen desmanes o delinquen por la droga o, en fin, porque no trabajan ni estudian.

 

Ahora bien, me  pregunto y le pregunto, amigo lector: ¿Por qué los medios tienen ese vicio de  que solo “lo malo” es noticia? ¿No será un vicio de los adultos mirar la realidad tan torcida? De hecho, cuando las tribus urbanas se pelean están en el  centro de la escena, en buena medida por la curiosidad de los adultos. Sin  embargo, quisiera que en esta columna los jóvenes sean noticia por su fe.

 

Por lo demás, a pesar de los escándalos en la Iglesia (que existen, pero no son su única realidad), sobre los cuales a los periodistas les gusta  insistir, y de que se martilla todo el tiempo en que los católicos somos cada vez menos, lamento informar que, si los números cuentan, cada vez somos más. Las  peregrinaciones son, en ese sentido, un indicador fenomenal porque son  netamente católicas. Ningún evangélico peregrina hacia un santuario mariano.  Si todo lo que dicen sobre nosotros los medios fuese cierto -lo único cierto-,la peregrinación debería reunir a 100 personas. Y serían personas ancianas a  punto de morir y demasiado resignadas como para no abandonar su práctica  religiosa. ¿Cómo se explica que sin una campaña publicitaria, sin un atrayente recital de por medio, tantos jóvenes se junten a cantar y rezar? Basta meterse en medio de la caminata para comprobarlo.

 

A algunos periodistas les gusta  recalcar que muchos cantan y rezan, pero no siguen todos los preceptos de la Iglesia. A ellos les digo que los jóvenes saben  que la fe es un camino. Eso en la marcha se aprende de modo vivencial. Es Dios el que siembra, sostiene y acompaña. Si se tiene fe, lo demás se  incorpora con el tiempo. Desde la fe, paulatinamente se comprenden cosas de  la Iglesia que no se entienden cuando se las mira desde afuera. Tener fe y  caridad es lo más importante.

 

Sería productivo para la sociedad que esta realidad silenciosa se mostrara. Por  mi parte, quiero expresar mi gratitud a todos esos jóvenes de fe, que rezan y  cantan. Y que, llenos de ideales, quieren construir un mundo mejor.

 

Presbítero Guillermo Marcó