Bicentenario

20 05 2010

En un aniversario tan importante me surgen algunas reflexiones sobre la participación de la Iglesia en la gesta patria, ya que fue numerosa y decisiva la intervención de los clérigos en la gesta de Mayo. De aquellos días quisiera rescatar una idea que quizás muchos desconozcan. Nuestra revolución no se inspiró en la revolución francesa o la de América del norte, como muchos creen. Sino en una teoría que la mayoría de nuestros clérigos había estudiado en las universidades eclesiásticas de Córdoba, Chuquisaca y en el colegio de San Carlos de Buenos Aires: “La teoría de Suarez” – un jesuita- que decía que: “el poder, cuando faltaba el rey, volvía al pueblo que se lo había delegado”. Nosotros no éramos una colonia, sino un Virreinato, las autoridades locales respondían al rey, no al gobierno de España. Por eso depuesto Fernando VII por Napoleón, el Cabildo decide tomar el poder en su nombre. Como lo muestra el texto de la “Gaceta” el primer periódico aparecido en Buenos Aires: “Una exacta noticia de los procedimientos de la Junta…son un deber para que el pueblo no resfrie de su confianza, o deba culparse a sí mismo si no auxilia con su energía y avisos á quienes nada pretenden sino sostener con dignidad los derechos del Rey y de la patria, que se les ha confiado”. Manuel Alberti, por aquel entonces Párroco de San Nicolás y vocal de la Primera Junta es el encargado de prensa y difusión de los actos de gobierno. La campana de su Iglesia fue la que convocó al Pueblo al cabildo abierto. Una de las primeras decisiones de aquella asamblea es convocar al Tedeum para la tarde de aquel día. El Tedeum se entonaba como acción de gracias en la coronación de los Reyes. Aquí es el pueblo el que le da gracias a Dios por las autoridades de la Junta. La primera predicación está a cargo del  Padre Zavaleta, que hace un encendido elogio de la nueva Junta de Gobierno.

Sin duda una revolución curiosa. El comienzo de un proceso emancipador que aún no ha terminado, que se cierra en 1816 con el Congreso de Tucumán, donde participan delegados de todas las Provincias. De los 32 Congresistas 16 eran sacerdotes. Sin la prédica de la Iglesia y su participación activa en este proceso, la Revolución habría fracasado, ya que la mayoría de la gente con escasa instrucción acudía a las Iglesias donde se predicaba a favor de la Revolución.

A 200 años de aquella gesta me toca particularmente reivindicar junto a ministros de otras confesiones, la importancia que la prédica cívica ha tenido en la historia y tiene en la actualidad. Los profetas en Israel no hablaban solo de cosas celestiales; sus visiones –a veces catastróficas- estaban ligadas al tiempo en que les tocó vivir. No se llega al cielo sin un compromiso concreto con la historia en la que nos toca estar. Es más, eran los falsos profetas los que tenían una prédica complaciente hacia las autoridades de su tiempo. Para quien sabe escuchar, es una oportunidad para rectificar errores en el camino, errores que por cierto cometemos todos. No se trata de ser opositor u oficialista, sino de poder acompañar los logros y señalar los errores para seguir creciendo en un proceso emancipador que aún no ha terminado. Ojalá que podamos todos hacernos cargo de lo que nos toca, celebrar lo que hemos logrado y tener la capacidad  de realizar lo que aún nos falta, ya que en definitiva construir la Patria es tarea de todos.

Presbítero Guillermo Marcó

Director de la Pastoral Universitaria

Arzobispado de Buenos Aires

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El matrimonio gay

12 05 2010

En la antigüedad la famila tenía un valor relativo, dependía de la cultura. En la sociedad griega, la mujer era secundaria, era más valorado y exaltado el amor entre hombres. En el mundo Romano, era conocido el desenfreno y no había restricciones de tipo moral para las más variadas relaciones, orgías, incestos y otra cuestiones estaban a la orden del día. Aunque se resguardaba una cierta estructura familiar. Es el derecho romano el que origina la palabra “matrimonio” que viene de “matris”-matriz para engendrar- y sus derechos en cuanto a la crianza y educación de los hijos. Israel conoció en sus orígenes la poligamia, de hecho el sabio rey Salomón tenía una multitud de mujeres, aunque éste fuera un privilegio de los ricos y poderosos. Se fue perfilando  con el paso del tiempo una estructura familiar que también estaba sujeta a los caprichos del hombre,  ya que este –no la mujer-podían divorciarse por diversos motivos. Es en este contexto en donde se le formula la pregunta a Jesús: ¿Es lícito para el hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo? A lo que Jesús responde: “En el principio no fue así. El hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer y los dos no serán sino una sola carne. Así pues lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre” (Mateo 19,4).

Fue Jesús y la enseñanza de la Iglesia la que propuso esta forma de vivir: “el matrimonio” basada en la igualdad de dignidad, en la diferenciación de los sexos y en el amor y el respeto por los hijos. Con sus más y sus menos, este modelo se impuso sobre los anteriores en la cultura occidental y ha llegado hasta nuestros días. Los argentinos cuando se les consulta, valoran por encima de todo la familia. Sin embargo una predica constante en contra del matrimonio, como yugo, castigo, lugar del que todos se quieren ir, ha ido minando su valor original. Se escucha a diario desde los sectores progresistas, sobre todo a los más jóvenes que “no creen en el compromiso”, “no se casan”, simplemente se juntan, “conviven”. Dentro de esta franja de la sociedad, se casan los que provienen de familias religiosas o están convencidos de las bondades de esta vocación a formar una familia. Por lo tanto creo que ningún sociólogo se animará a contradecir mi conclusión: se casan los más conservadores y no cree el matrimonio el sector más progresista de la sociedad. Resulta pintoresco ver a sectores progresistas defender el matrimonio gay, cuando no creen en el matrimonio para los heterosexuales.

En cuanto a la posibilidad de adoptar, creo que a un chico que ya ha sufrido la tragedia de haber sido abandonado por sus padres (aunque ha tenido la suerte de ver la luz del día, antes de que los mismos diputados defienda la ley del aborto) y de quién el Estado es su tutor; deberían ahorrarle los problemas derivados por lo que llamaría Freud “la ausencia de un modelo masculino y otro femenino”, ya que tendría dos padres o dos madres.

Es comprensible que despejados los números problemas que nos aquejaban, lograda la igualdad de oportunidades para todos los argentinos, estabilizada la economía,  desaparecida la sensación de inseguridad, desterrada la desnutrición, logrado niveles superlativos de educación para todos,  tengamos tiempo para debatir cuestiones que afectan a una minoría de personas.

Pbro. Guillermo Marcó