Felicidad

11 10 2009

En septiembre partí con 20 jóvenes de mi parroquia a misionar en el Chaco. La gente nos esperaba con gran expectativa, Es difícil transmitir lo que se vive allí, si tuviera que titular esta nota debería ponerle. “como se puede ser feliz con casi nada” o por la negativa “Como se puede tener y no valorarlo” la primera frase vale para los de allá, la segunda para nosotros. Las risas, las miradas transparentes, la amabilidad en las costumbres, nacen casi espontáneamente de esta gente de campo, que da sin esperar recibir. Uno podría pensar que esta felicidad brota de lo que tienen, pero no es así. En primer lugar no tienen agua, la que usan la sacan de sus pozos o aljibes y hacía siete mese que no llovía. Sin lluvia no se siembra, por lo tanto no hay trabajo y la comida escasea. En salud no están mejor, nuestra médica detectó varios casos de desnutrición. En la salita de primeros auxilios, hacía tres meses que no tenían enfermera, la escuela es multigrado, hay chicos que en cuarto grado que leen y escriben con dificultad. Cuando llegué a Buenos Aires era lunes, la ciudad despertaba a su caos habitual, me crucé con gente bien vestida que caminaba como autómata con la cara larga. Otros se insultaban en el tráfico, el ruido y la agitación urbana me suscitaron la pregunta: ¿Por qué vivimos tan mal, teniendo tanto, y ellos son felices con tan poco?

La experiencia se repitió pocas semanas después, en la peregrinación a Luján, que no deja de sorprenderme año a año. Según datos de la policía 1.300.000 personas (300.000) más que el año pasado caminaron a Luján. ¿Cómo se junta tanta gente? No marchan porque los trajeron pagados, tampoco porque gastamos millones en publicidad en los medios. Tampoco porque es una maratón. Si así fuera la gente llegaría a la plaza de Lujan y se volvería a su casa. Pero no, la gente entra a rezarle a la Virgen. Allí en el enorme templo desprovisto de bancos, una marea humana entra a confiarle a esa madre pequeñita, sus agradecimientos y peticiones, Ella es quien los atrae cada año. 100 personas cortan una calle y son noticia. 1300.000 jóvenes caminan 70 km a Lujan  y solo serán noticia si el Cardenal Bergoglio en la misa critica al gobierno. Como este año no lo hizo y además se murió la Negra Sosa, sencillamente fuimos invisibles. Entonces me percate de que lo que nos hace felices a muchos, no necesariamente es noticia.

Durante la semana que pasó estuve de retiro espiritual en un convento de monjas Benedictinas de clausura. Son mujeres que han renunciado a su libertad, para ser libres interiormente de las cosas del mundo. Todas visten igual, cantan con una sola voz armónicamente. Renunciaron a pintarse como una puerta, para estar más visibles o hermosas, si embargo hay que ver sus rostros, sus miradas para entenderlo todo, se las ve felices…Tres fenómenos distintos: pobres sin nada material, llenos de Dios; jóvenes que expresan su alegría a través del sacrificio y la alegría de llegar juntos a los pies de la Virgen. Mujeres que hicieron de la oración una forma de vida. En las tres experiencias volví a confirmar por donde pasa la búsqueda de la felicidad y recordé aquella frase de San Agustín: “Nos hiciste Señor para Ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que no te encuentre a Ti”.

Virgen de Lujan

Pbro. Guillermo Marcó

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