Bloque en C5N sobre inmigrantes

29 09 2008
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el dialogo interreligioso, Editorial del diario “LA NACION”

21 09 2008

Un ejemplo por seguir

Domingo 21 de setiembre de 2008 | Publicado en edición impresa

No hay en el mundo muchos ejemplos de convivencia y de integración cultural comparables al que han brindado en nuestro país, en los últimos años, el sacerdote católico Guillermo Marcó, el rabino Daniel Goldman y el dirigente islámico Omar Abboud. Los tres se conocieron en la década del 90 y se dedicaron a interiorizarse sobre sus respectivas experiencias en el campo pastoral y social. Con ese fin constituyeron el Instituto del Diálogo Interreligioso, a través del cual cumplieron una valiosísima tarea de intercambio y aproximación entre las tres grandes ramas del tronco monoteísta universal: el cristianismo, el judaísmo y el islamismo.

En estos días, se les ha otorgado el premio Konex, en la categoría “dirigentes comunitarios”, distinción altamente merecida, sin duda, pues la labor de diálogo que Marcó, Goldman y Abboud han sabido llevar adelante constituye un exponente admirable de sabiduría y de aptitud para conocer y comprender las oposiciones y los prejuicios que separaron, a lo largo de los siglos, a los hijos de estas entrañables religiones de proyección universal. Todo ello en el contexto de una firme voluntad por contribuir a la dignificación y a la elevación de la sociedad universal.

Lo que merece destacarse de estos tres hombres de fe particularmente lúcidos es que nunca exacerbaron las diferencias ni las barreras que la tradición histórica les imponía, sino que concentraron todo el esfuerzo en analizar lo que tenían en común, y las coincidencias de pensamiento y de lenguaje que iban descubriendo a medida que profundizaban el diálogo y el mutuo conocimiento. Sabían, sin duda, que la primera señal de aproximación entre sus disímiles concepciones religiosas tenía que provenir del profundo respeto que cada uno de ellos fuera capaz de observar frente a la tradición de los otros dos, frente a la sabiduría o la belleza de sus símbolos, y frente a su particular manera de formular el misterio que está en la base de su mensaje religioso.

Las visiones y las experiencias que se obtuvieron como resultado de ese trabajo de interrelación están contenidas en un libro, titulado Todos bajo un mismo cielo , en el cual los tres dirigentes dialogan sobre algunas de las cuestiones esenciales de la fe y del mundo de hoy. Es un libro apasionante, que explora los caminos coincidentes que católicos, judíos y musulmanes transitan día tras día, más allá de sus naturales diferencias, en su búsqueda de la verdad y en su esfuerzo por interpretar y transmitir la palabra de Dios, en el contexto de un común esfuerzo por aportar los más altos valores a la civilización universal.

No se puede ignorar que la Argentina, debido a lo que significó históricamente el fenómeno inmigratorio, cuenta con una larga tradición de tolerancia y de pacífica convivencia entre las diferentes comunidades étnicas y religiosas. El diálogo que Marcó, Goldman y Abboud han impulsado reviste especial importancia porque pone de manifiesto un valor que poseemos los argentinos y que, por el contrario, en otras latitudes suele ser motivo de enemistades y de asperezas, cuando no de violencias difíciles de superar.

Una de las iniciativas que realiza el Instituto del Diálogo Interreligioso, junto con la Asociación Cristiana de Jóvenes, es la que corresponde al proyecto “Promesas con futuro”, en el cual alumnos de cuarto grado de colegios católicos, judíos, evangélicos y musulmanes, y de escuelas laicas del Estado juran la bandera nacional en ceremonias conjuntas. Previamente se desarrollan actividades en las que conviven los dirigentes educativos, los docentes y los propios chicos. Esas tareas en común permiten reconocer aquellas diferencias que a todos nos enriquecen y aquellos rasgos que compartimos y que determinan que nos sintamos iguales.

El actual proceso de globalización tiende a homogeneizar los modelos humanos y a desconocer la riqueza que proviene de las culturas diferentes. En ese marco, merece un especial reconocimiento cuanto contribuya a la conservación y a la valoración de la diversidad cultural o religiosa.

La idea de cohesión, imprescindible para la existencia de cualquier comunidad nacional, no puede prescindir del diálogo. Las sociedades que dialogan y que asumen sus diferencias internas crean herramientas espirituales de insustituible valor para el futuro. Es fundamental que los argentinos encaremos esta clase de experiencias y nos miremos a nosotros mismos en este momento histórico en que nos cercamos a la celebración del Bicentenario de nuestro nacimiento como sociedad independiente.





el dia del estudiante

21 09 2008

Cada 21 de septiembre junto con el día de la primavera se festeja el día del estudiante, la fecha también coincide con el aniversario de la muerte de uno de los más grandes científicos que tuvo la Argentina.. El mismo día en el año 1971, muere el notable médico, biólogo y fisiólogo Bernardo A. Houssay, Premio Nóbel de medicina (1947) y doctor honoris causa de la Facultad de Medicina de la Universidad de París. Nació en Buenos Aires el 10 de abril de 1887.

En el discurso inaugural de su cátedra en 1958, el mismo hace un recorrido por su historia:

Ingresé a esta casa en 1901, con 14 años de edad; farmacéutico en 1904, a los 17 años, terminé los estudios médicos en 1910 y la tesis en 1911. Desde 1910, a los 23 años, fui profesor de Fisiología en la Facultad de Veterinaria y desde 1919 en esta Facultad. Me adiestré primero en química y en histología normal y patológica y luego, hace 50 años, comencé a trabajar en Fisiología como ayudante, por concurso, en esta Facultad. Lo hice al principio con dedicación parcial, pues fui Jefe de la Sección de Endocrinología y Patología Experimental del Instituto Bacteriológico, de 1915 a 1918, así como en el Hospital Alvear fui médico desde 1911 y Jefe de un Servicio de Medicina desde 1913 a 1917.”Aunque me entusiasmaban la Clínica y la Fisiología, decidí concentrarme en una sola actividad y elegí la Fisiología, porque creí que así sería más útil a mi país y cumpliría mejor mi vocación personal por las investigaciones en el campo de las ciencias naturales”. Y continua diciendo: “He sido profesor durante 42 años, sin faltar prácticamente nunca a las clases o exámenes. Desde 1920 fui profesor de dedicación integral (fulltime) y exigí que el reglamento estableciera que ese puesto fuera incompatible con cualquier otro. Fui, creo, el primer full-time en nuestras universidades, pero una de mis satisfacciones más grande fue ver que aparecieron otros en esta Facultad, en otras de nuestro país y varias de Sudamérica y que hoy el principio está reconocido definitivamente como una de las bases indispensables del progreso de la docencia e investigación”.

 El Doctor Houssay fue el creador del Conicet y `por lo tanto unos de los pioneros en el avance de la investigación en forma sistemática. En la celebración del día del estudiante, creo que es bueno recordarle a los jóvenes que cada días veo transitar la Plaza que lleva su nombre y en donde está la Parroquia Universitaria de San Lucas, que este estudiante del pasado, que llegó a ser un excelente profesional y premio Nobel, no es solo un nombre olvidado o un busto de bronce pintarrajeado con irreverente falta de respeto. Fue un ser de carne y hueso que soñó con una Argentina grande y se desvivió por construirla, con esfuerzo, sacrificio y abnegación.

Podría pensarse que vivió en otra época más fácil o que  económicamente tuvo el camino allanado, pero no fue así, según el mismo lo relata:

“Desde los 13 años de edad, con autorización de mi padre, decidí bastarme a mi mismo, lo que me costó bastantes esfuerzos. Pude proseguir los estudios gracias a las exenciones de derechos universitarios y a los puestos que gané por concurso de notas o selección, a los que se me llamó a desempeñar. Nunca usé de influencias ni las admití en cuestiones de nombramiento o de exámenes y jurados”.

Hoy que el problema de la falta de financiamiento educativo está en el tapete, él nos recuerda que antes no era distinto: “Por un raro fenómeno, explicable por mi firme voluntad de tener dedicación exclusiva, durante muchos años casi todos mis ascensos significaron una disminución de mis entradas pecuniarias. Además, al principio, durante varios años tuve que costear con mis exiguos recursos gran parte de los gastos de investigación”.

Sin duda que sin esfuerzo personal no hay posibilidad de aprender, pero como le he escuchado a Santiago Kovaldoff, la argentina no renueva su agenda de problemas. Aquí se debería estar discutiendo el futuro de la educación, los presupuestos para investigación y dedicación exclusiva, para evitar que los profesores se conviertan en  seres mendicantes y agotados de peregrinar por tanta cátedra para sobrevivir con un salario de miseria, mientras otros trabajadores  menos calificados consiguen permanentes mejoras salariales.

Por otra parte los estudiantes de las Universidades deberían redoblar sus esfuerzos académicos para volver a hacer de este país un lugar donde prosperar y desarrollarse.

Tendremos futuro si somos capaces de invertir en conocimiento, los presupuestos para educación no son un gasto, son inversión.

 Como lo viene haciendo la India, que es el país con mayor cantidad de becarios en el extranjero, que regresan para contribuir en la superación de sus males endémicos. Solo así con un destino ordenado y con esfuerzo inteligente será posible solucionar nuestros problemas y dejar atrás la vergonzante pobreza de tantos argentinos.

 

           Presbítero Guillermo Marcó

Director del servicio de Pastoral Universitaria

         Arzobispado de Buenos Aires