Tanto odio cansa

16 07 2008

La fe es mi fuerza

Esto decía ya libre  luego de siete años de cautiverio en la selva:

“Vamos a ver si me sale la voz, porque estoy muy, muy emocionada. Acompáñenme, primero, a darle gracias a Dios, a la Virgen. Mucho le recé. Mucho me imaginé este momento con mi mamita (Se dirige a ella: No llores más, no más llanto). Gracias a Dios, primero; segundo, a todos ustedes que me acompañaron en sus oraciones, que pensaron en mí, que me tuvieron en su corazón, así fuera por un momentito; que, de pronto, sintieron compasión por nosotros los secuestrados…
Esta mañana, cuando me levanté, recé el Rosario, a las 4 de la mañana; me encomendé a Dios… Estuvimos esperando todo el día, no sabíamos qué… Oímos los helicópteros. Yo miré para arriba al cielo y pensé: ¡Qué curioso es sentir felicidad oyendo un helicóptero cuando, durante 7 años, cada vez que lo oigo me da miedo!… Nos dijeron que teníamos que subir esposados. Eso fue muy humillante. Rogaba a Dios que me diera fuerzas para aceptar las humillaciones que se iban a venir… Cerraron las puertas, y de pronto vi al comandante que durante cuatro años estuvo al mando de nosotros, que tantas veces fue tan cruel y tan déspota; lo vi en el suelo, en pelotas, con los ojos vendados… No crean que sentí felicidad, sentí mucha lástima. Pero le di gracias a Dios de estar con personas que respetan la vida de los demás, aun cuando son enemigos. El jefe de la operación dijo: «Somos del Ejército nacional. Están en libertad». El helicóptero casi se cae, porque saltamos, gritamos, lloramos, nos abrazamos… No lo podíamos creer. Dios nos hizo este milagro. Esto es un milagro. Esto es un milagro que quiero compartir con ustedes, porque sé que todos ustedes sufrieron con mi familia, con mis hijos, sufrieron conmigo…
Simplemente, uno tiene dos opciones: odiar, o entregarse a Dios y buscar en una espiritualidad mayor la paz del corazón. No los odio… Que Dios bendiga a mis captores. Espero que esta experiencia les permita cambiar su corazón

Me emocioné escuchando estas palabras que brotaban serenas y seguras de una mujer admirable. Impresiona como, cuando todo desaparece, queda la Fe en Dios, ese Dios que acompaña al hombre desde su interior, si uno se lo permite, él cambia el odio en amor, la venganza en indulgencia. Cuantos por mucho menos profieren palabras de odio, de rencor que envenena. Que bien nos hace en este momento de la Argentina donde se acentúan las divisiones y los enfrentamientos, volver a escuchar estas palabras de la boca de alguien que tiene motivos más que suficientes para odiar. El odio carcome el corazón y nubla las ideas es como las aguas estancadas de un charco, que poco a poco se pudren  e  infectan.

Personalmente, estoy un poco cansado de tanto grito, tanto agravio de uno y otro lado, creo que nos merecemos un perdón entre todos, para poder construir  el futuro. Eso: “el futuro”, necesitamos una dirigencia que imagine, sueñe y piense donde queremos estar, que deje de juntar a los mismos para repetir los discursos de siempre, que nos convoque porque tiene alguna idea que aportar, un plan que discutir, un proyecto para soñar. Como lo hicieron los próceres de nuestra Patria o la generación del 80. Lo necesitamos nosotros, pero también se lo debemos a las generaciones del futuro.

 

                                                                            Pbro. Guillermo Marcó


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2 respuestas

16 07 2008
gemasanchezgarcia

El odio no conduce a nada, efectivamente, sólo a que se te carcoma el corazón, pero qué difícil a veces es eludirlo. Cuando el tiempo transcurre, acabamos transformando el odio en tristeza, en pena, como cuenta esta mujer, pero inicialmente es complicadísimo evitarlo, supongo que es por una condición humana que nos impulsa a ello, no lo sé, pero insisto, qué difícil…

29 01 2009
Ana María

Siento una admiración muy particular por Ingrid B. Es una GRAN MUJER. Su FE
y AMOR a DIOS la hace màs especial.
Me alegro tanto encontrarla en su pàgina y con la misma opiniòn que generó en mì.
Es un ejemplo a seguir.
Gracias a Dios por haberla conocido aunque no sea personalmente.

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